lunes, mayo 27, 2013

Textos Esotéricos*

                                                           Hoy quisiera ser viejo y muy sabio
y poderte decir lo que aquí no he podido decirte:
hablar como un árbol con mi sombra hacia tí,
como un libro salvado del mar,
como un muerto que aprende a besar
para tí.
Silvio Rodriguez - De la ausencia y de ti

Tabacomancia

El humo del tabaco te adivina en poema, con tus labios rosáceos, de pétalos abiertos. El humo del tabaco te describe desnuda, se trepa por tu torso, rosando las cumbres erguidas de los senos. El humo del tabaco te trastoca, llegando hasta tu boca, buscando en el pasado tus suspiros futuros. Las cenizas no mienten, y las brasas te llaman, con candentes rugidos y abrazantes dolores. El carbono gastado que envenena mi vientre busca un acaecer oculto, evidencia perdida de un pasado infructuoso. La corona quemada se tintura de negro, augurando rupturas de ese cuerpo deseado. El humo del tabaco hoy me augura, una muerte lenta, solitaria, esperando el regreso del calor de tu cuerpo. Hoy recuerdo tu piel, quemada de instantes que durarán, eternos, sin mi marca sobre ella, sin olvidos difuntos.  

El Samsara

El Karma te persigue acechando los muros de tu ciudad perdida. Piedras centenarias te carcomen los huesos, mientras anhelos remotos me roban la esperanza de un devenir contigo. Reencarnando por siglos en desiertos baldíos, se me niega tu vida de pasados conjuntos. Círculos eternos que recorren tus ímpetus me amarran inerme en una ley natural. Postrado ante tus piernas busco el  mula-adhará, nado en mares turgentes, trepo al sua adhisthana. Recuerdo tus ojos que jamás envejecen, y mis dedos recorren tu perfecta ajata. Busco el agña-akhia, encuentro el vi-shudha, implorando a los dioses un samsara mejor. Hoy, quisiera quererte y no poder olvidarte, pero el fin de la vida nublará tus recuerdos, borrará mi memoria en cada renacer, dejando sólo el castigo de vivir sin amor: ese olvido malsano que nos lleva a pecar, a olvidar nuestras faltas y a repetir desgracias. Eso es acaso el universo, un retorno infinito que nos recuerda siempre cada acto que hemos dejado de hacer.

Los Arcanos Mayores

Esta vez los arcanos mayores no estarán de mi parte. Mi primera carta es la sacerdotisa, una mujer con un libro entre sus manos, abierto en una página cuyo contenido ignoro. Mi estrella corona tu cabeza que mira, mientras te sientas, allá, arriba, en tu trono, en medio de columnas de saber y con la cruz en tu pecho, dejando aparte este par de universos paralelos, abandonados a su suerte por un destino aciago. Mi segundo arcano es Ermitaño, viejo, sólo, encorvado en medio de la oscuridad. Con una luz en mi mano busco la verdad, busco ese esquivo autoconocimiento, pero lo único que veo, allá, en la cima, al final del camino que es el mismo comienzo, son las piernas de la sacerdotisa, quien camina buscando la luz, pero no al viejo. Luego aparece la carta de los enamorados, ese par de amantes que vivieron sólo para una tarde corta, triste, incompleta e inacabada, recortada por las ansias falsas de escoger lo que sabes en el fondo que no es para ti, terminada por cargar la eterna cruz que te desvela. La Fortuna, cuarta sota de mi surte, me muestra cómo ya te estás alejando más de mi, triste, lenta, irreparablemente; cómo quieres, cómo ya no quieres, volver a estar bajo mi sombra. Mi quinta carta es el Demonio, triste, vacío, habituado a lo habitual, con grandes cuernos en su cabeza de cabra, con su espada marcando, de nuevo, mi funesto hado, de lujuria y de desolación. A la sexta echada veo al Loco, caminando sin preocupaciones, sin pensar, dejándose llevar, arrastrando su ignorancia sin salir aun del paraíso, protegido por los demás Secretos sin temor a lastimarse. Finalmente veo una Torre, arrasada por la Ira de la Divinidad, el maremágnum; sus relámpagos desprenden las almenas que caen sobre un foso de caimanes, alligators, prestos a lanzarse sobre mi cuerpo inerte tras la devastación que significa trepar a tu castillo. Ese, por supuesto, sería mi destino, que me gustaría tuvieses de nuevo entre tus manos, pues pulvis sumus et pulvis reverterimur.


Horóscopo para el día de hoy...

El Oráculo dice que esta mañana ya te habrás despertado, Todavía y a tu pesar, pensando en mí. Porque ya durante el alba cerré mis ojos, con tus labios aun pegados a mi piel. El augurio te dice que hace milenios, cuando aun la tierra no había enfriado sus corrientes marinas, Cuando aun las estrellas hervían con la fuerza imparable de la primera catástrofe, Que el triste destino del Hombre estaba escrito, como escrito está el curso de los surcos de polvo en el espacio, Que nada se puede hacer ante lo inevitable, y ante lo inevitable nada ya puede hacerse. Pero si este mundo, como dices, es el mudo artefacto de un extraño dios, Si este mundo, como creen, es el rudo bosquejo de algún dios infantil, abandonado a medio hacer ante el oprobio de la imperfección, Si ese dios es un esclavo, de otros dioses menos diligentes pero más perfectos, todo cuanto hay ya estaba diseñado, mal pensado y peor armado. Es en este escenario, dicen los adivinadores, que el destino nos tenía preparado este entrecruzamiento, Preparaba el nudo armado entre dos hilos que en principio no debían enredarse, y que poco a poco irá soltándose, ahora, nunca, más tarde o más temprano. Porque el augurio reza, ya lo sabes, que todo en esta vida ha de acabarse, porque quieres, porque quise, porque un día la muerte nos separa.



*Algunos de estos textos ya estaban publicados, otros son nuevos. Pertenecen a una serie mayor basada en creencias esotéricas.

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Los laberintos - Reflexiones sobre la filosofía de la periferia por Alfonso Cabanzo se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.