jueves, junio 29, 2006
Estoy cansado, voy a descansar
absurdo, puesto que el comunismo (que se reduce a lo que hizo Stalin) fue injusto"; "todos lo campesinos que viven donde hay guerrilla son guerrilleros"; "todos lo campesinos que viven donde hay paramilitares son paramilitares". Estoy cansado de la gente que habla sin saber y jamás se preocupa por aprender. Que pontifica sin conocer. Hace poco escuchaba la historia de un joven bogotano que se sentía orgulloso de conocer Bogotá sólo desde la calle 72 hacia el norte, y de la carrera 45 (la "Autopista") hasta los cerros, es decir, la zona donde vive la gente "con más dinero". Y aun así decía que Colombia no era un país lleno de pobres. Poco a poco todos empezamos a pontificar sin saber, pero ya no nos da verguenza admitir que no argumentamos, que no nos basamos ni siquiera en encuestas malas, que no hemos leído un libro para hacer tales afirmaciones, o simplemente que duramos toda una tarde sopesando los argumentos a favor de nuestra idea. Simplemente son válidas porque sí, porque yo las digo. Y si bien es cierto que todas las opiniones son válidas en tanto que son opiniones, de la misma manera en que todos lo seres humanos tienen iguales derechos por el simple hecho de ser humanos, definitivamente hay una diferencia entre meramente opinar y saber algo. O entre decir, y argumentar, con argumentos válidos, no con sofismas, una posición. Simplemente no se puede afirmar que una feminista se curará a punta de sexo de su "problema", por el simple hecho de que a mi me parece que esta chica odia a los hombres por ser fea; eso es casi una invitación a violar a las feministas. No es válido afirmar que el hecho de que cien hombres fuesen los dueños de los bancos en la Alemania de 1940, y fuesen tan despiadados como los banqueros de Colombia, fuese una razón suficiente para acabar con la vida de otros cuatro millones de personas que pertenecían, pertenecieron, o tenían antepasados que pertenecieron a su misma religión. Es absurdo decir que los afroamericanos tienen una actitud racista, cuando en realidad no tenían derecho ni a sentarse en la misma zona del bus que los blancos sin correr el riesgo de ser linchados.
En otra ocasión escuché a alguien decir que una reina de belleza era condenable porque hablaba mal, y ni siquiera se detuvo a pensar que esta mujer había salido de un pueblo perdido de la selva chocoana donde no había sino un televisor que funcionaba con una planta eléctrica (y es sorprendente que haya sido elegida en el Reinado de Cartagena, donde van a pasear las chicas de clase alta del país). ¿Cómo esperaba que hablara, con el acento de la Reina de Isabel?
No sé cómo llegamos a este punto relativista, de considerar que mi mera opinión es una verdad. Bueno, realmente sí lo sé, en Colombia nuestros dirigentes se han preocupado cada vez más por "mejorar" la calidad de la educación, de tal forma que ahora tenemos bachilleres que a duras penas saben decodificar los signos para leer en voz alta, y se lee menos de un libro al año porque sus precios son muy altos, aunque un buen libro vale lo mismo que un petaco de cerveza. En Estados Unidos hay una campaña para integrar la "teoría" del Diseño Inteligente (un nombre sofisticado para "creacionismo") en el programa de ciencias, y es apoyada por el Presidente. Con una formación así, la frase de cajón "todo es relativo" es de fácil asimilación, más fácil de captar. Por lo menos es más fácil para muchos de nosotros que no captamos el sentido completo de "E = mc2", y dice más o menos "nada es relativo". Desde mi época de estudiante, no obstante, conozco un argumento que da al traste con semejante afirmación (la de que todo es relativo). Y aunque he escuchado críticas a éste, su sencillez es tan abrumadora como de la misma sentencia relativista: Si es verdad que todo es relativo, habrá, a su vez, por lo menos una cosa que no es relativa, la frase "todo es relativo". De manera que si todo es relativo, entonces no todo es relativo. La frase, así interpretada, es un absurdo. Es falsa.
Estamos en la búsqueda permanente de ese punto de referencia que nos permitirá determinar si lo que decimos es o no coherente, si nuestros argumentos son válidos, si, en fin, hemos o no descubierto la verdad. La frasesita, cuando se asume como un dogma, simplemente valida automáticamente cualquier punto de vista, y por ende sus portadores se sienten depositarios de una verdad, la verdad de "su" opinión, que es más verdadera y respetable que cualquier otra opinión que puedan escuchar. Hay otra interpretación. Reconocer que todo es relativo, en su versión light, me permite saber que posiblemente estoy equivocado, que si no sé sobre un tema, humildemente debo callar, o preguntar. Que puedo admitir que estoy equivocado, admitir que mi opinión es ridícula y cambiarla por una mejor sustentada, no guardarla como un tesoro para después transmitirla de generación en generación hasta que alguien esté dispuesto a matar a otro por no creer esa ridiculez. Las sentencias "todo es relativo", o "todas las opinones son válidas", no sirven para validar mi propia opinión, sino más bien para recordarme que puedo estar equivocado. Que debo sentarme, reflexionar, investigar, leer más, por lo menos contrastar la página de Internet que consulto, para determinar si soy yo quien ha fallado. Estas frases no son estímulos para la estupidez, sino más bien estímulos para salir de ella. Hay que salir de la caverna, pero su salida es un laberinto, lleno de recovecos que parecen no tener fin. No tenemos más hilo de Ariadna que nuestro propio pensamiento, y así como éste ha ayudado al ser humano a perderse en infinidad de guerras absurdas, en mares de injusticia, de discriminación, tendrá que ayudarnos a encontrar la salida. Estoy cansado. Desespero, me dejo llevar, generalizo, insulto. Debo parar, debo ver la luz al final del tunel. Un descanso, sin duda, puede ayudar. Me voy a ver TV. Tanta pensadera es contraproducente.
martes, junio 27, 2006
Supercomputadora de Google: Informática y Globalización.
Apenas leí esta noticia rememoré La lectura de un libro bastante viejo, de Bruno Lussato, escrito en 1981: “El desafío informático”. Allí describe para gente como yo –es decir, gente que a duras penas sabe encender el PC- las técnicas de control de gigantes como IBM. ¿Control de qué? Del negocio de las computadoras. Básicamente IBM hacía unas máquinas que sólo sabían manejar ellos, y, por supuesto, convencían a las empresas de necesitar semejantes máquinas. Los técnicos, que debían manejar lenguajes “de computadora” tan complejos como los Booleanos (sí, ese que se usa para buscar en las bases de datos de las bibliotecas universitatrias: “Sex AND Pamela AND Anderson OR Paris AND Hilton NOT Hotel)”), por supuesto sólo podían ser capacitados por IBM, de tal forma que esta empresita llegó a tener el control real de muchos negocios. Trataban de vender la idea de que sólo se necesitaba un supercomputador y varias terminales, y se encargaban de hacer el mantenimiento de las redes, etc. Esta idea se recoge en, por ejemplo, el enlatado “La mujer maravilla”, en dónde entran a una sala a buscar en una computadora cualquier dato, esta se demora una eternidad dándole vueltas a una cinta mientras prende y apaga infinidad de bombillos. Recuerden que sólo había una computadora en toda su oficina. La batalla la emprenden contra lo micro-computadores, que cabían en un escritorio, que cambiaban información con otros mediante un disco removible, y de los cuáles podían haber varios en una empresa, sin control central. Parece que perdió IBM, puesto que hoy en día, si entramos a una oficina de inteligencia como el FBI en USA o el DAS en Colombia, encontraremos miles de micro-computadores, usados por igual número de agentes para jugar igual número de jueguitos en lugar de estar trabajando.
Lo que no se sabe es por qué se perdió dicha batalla. En el fondo, aunque IBM convencía a las empresas de que tener un solo computador era más barato, el mantenimiento de las redes y la preparación de los “técnicos” la hacía extremadamente costosa. Pero además, hacia 1969 se inicia en MIT el desarrollo del proyecto “Multics”, con el patrocino de Bell y General Electric: la creación de una supercomputadora gigantesca que sirva para... ¿para qué más puede servir una computadora si no es para guardar datos? La máquina resultó tener un problema de bases: perturbaciones intrínsecas que limitaban su funcionamiento, como un insoportable ruido al trabajar. Imaginen en ruido de su PS de escritorio pero aumentado (en una progresión geométrica) de manera proporcional al tamaño del edificio. ¡Ni siquiera un Aeropuerto debe hacer tanto ruido! De ese proyecto salió (según lo que he podido leer en la Wikipedia, aunque no entiendo más de la mitad de los que dicen, el sistema operativo (el programita que sirve para que nosotros hablemos con la maquinita) que todos conocemos UNIX, que se sigue usando en los servidores y para bases de datos. También las tecnologías Multiusuario, Multitarea, Multiacceso, que, en mi opinión, no es más que un nombre para la siguiente idea: un computador que haga varias cosas a la vez, ordenadas por varios usuarios conectados al mismo computador por diferentes lados, y esa idea de que puedo quitar y poner sistemas de almacenamiento masivo sin necesidad de apagarlo (las famosas memorias USB. De hecho, hasta donde tengo entendido, los PC comunes y corrientes basados en Windows o DOS (que como la santísima trinidad, pero con dos, son lo mismo) son incapaces de hacer eso. Sólo lo simulan. Los que tienen dos procesadores son los que logran hacer varios procesos en paralelo (lo sé porque hago música, y quien hace música desea tener uno de esos, aunque no sepa cómo funcionan), pero todavía no logro entender cuál es el objeto de querer procesar datos cada vez más rápido.
Ese proyecto (el de MULTICS) fracasó y hubo un vuelco, ya no hacia la fabricación de supermáquinas, sino de micromáquinas. Y pasó lo que ya todos sabemos. Esto es, básicamente, lo que recordé del libro de Lussato.
Y entró en el escenario Internet, que por un lado permitió un intercambio de información más rápido, pero por otro significó el triunfo de la idea de control sobre cada uno de los micro-computadores, es decir, de sus usuarios. Es decir, ¡de nosotros! Basta con que miremos lo fácil que es obtener la dirección IP de los que consultan un Blog para darnos cuenta de lo vulnerables que somos (hace poco, con lo poco que sé, logré darme cuenta de que un Chino estaba husmeando mi PC). En el ministerio de hacienda tienen un registro de las transacciones económicas que hemos hecho con tarjeta, Google sabe qué consultamos diariamente, y ahora con la tecnología que permite hacer llamadas por Internet sabrán de qué hablamos. Pero si se logra hacer la supercomputadora y tenemos acceso a un computador central como tenemos acceso a un distribuidor central de gas o de agua, estaremos irremediablemente controlados hasta en los aspectos más insignificantes de nuestra vida. Sólo resta convertirse en un experto en informática para bloquear este tipo de actividades. Pero no todos estamos en capacidad de hacerlo. Tambien podemos contar con que este nuevo proyecto de Google fracase por las mismas razones que fracasó el proyecto Multics. O si no, la perspectiva que presenta Orwell en su libro 1984, de un Gran Hermano fisgoneando todo el tiempo se volverá cada vez más real. Ya hay cámaras en el supermercado, en los pasillos del servicio de transporte público, en los cajeros, en donde sea que vean una bolita oscura que nos recuerda las luces de las discotecas. No es por ser paranóico, pero recuerde, nos están observando.
jueves, junio 22, 2006
Un pingüe Post
Creo que fue Aquiles quién sacrificó pingües ovejas en honor a su amigo Patroclo. Pero no es que lo quisiera muy poco, más bien es que lo quería demasiado, puesto que "pingüe" es, según el DRAE, craso, gordo, mantecoso, o bien, abundante, copioso, fértil. Así que la palabra nos engaña (siempre pensé que era sinónimo de "poquito"), y si alguien nos dice "le regalo pingües dólares" debemos aceptar de inmediato. Hay otra serie de palabras “confundidoras”, que se prestan para malos entendidos, y que su uso se ha vuelto tan común que terminan perdiendo el significado y adquiriendo uno nuevo. Por ejemplo, dicen que “guevón” significaba persona con los “guevos” grandes, pero todos fuimos testigos en nuestra adolescencia de que pasó a significar “el que sale con la chica que a mi me gusta”. En efecto:
— ¿Qué pasó con Paula? —pregunta mi mejor amigo.
— No, está saliendo con un guevón— respondo resignado.
Otra palabra que se presta para confusiones es la de “comunitario”. Según los entendidos, un estado comunitarista es aquél que se caracteriza por estar apegado a ciertas tradiciones. Afirma (quizás presente un poco mal el tema debido a que el editor me pidió brevedad) que no hay algo como una justicia universal (menos un Derecho Universal) y que la comunidad está definida por unos miembros determinados por el peso de sus creencias locales, costumbres, etc. Es así como en estos estados, a diferencia de lo que sucede en los liberales (que se identifican con los democráticos), suele presentarse un cierto rechazo a la diferencia. De hecho, los comunitaristas critican a los liberales afirmando que el liberalismo no es más que una tradición occidental, intolerante con lo que no sea liberal. Si nos fijamos bien, estos estados comunitaristas tienden a defender, por ejemplo, la existencia de una religión común que unifique valores, por decir algo, el catolicismo, o el cristianismo en general. Deberían desatender, en principio, dictámenes de organismos internacionales que pretendan “imponer” una justicia de corte “universal” que defienda los derechos de, por ejemplo, los individuos, frente a los atropellos de una comunidad que los rechaza por pertenecer a una minoría, o por “no hacer parte de la comunidad”. En fin, si se mira bien la cuestión, un estado comunitario puede degenerar fácilmente en una especie de dictadura de la mayorías, o peor aun, de las minorías con poder.
Aquiles jugando parqués con Ayax, creo.
Por todo esto no creo que cuando Álvaro Uribe propuso como nombre de su plan de desarrollo “hacia un estado comunitario”, ya hace cuatro años, estuviera pensando en algo como una especie de dictadura. No. No creo que quisiera, por ejemplo, cambiar la Constitución de 1991, que vela por los derechos de lo individuos y de las comunidades minoritarias, ni creo que buscara un Estado que defendiera sólo los principios cristianos, como la negativa absoluta al aborto, el rechazo a la dosis personal, el sexo prematrimonial, el matrimonio como posible sólo entre un hombre y una mujer, la familia compuesta por hombre y mujer casados (por lo católico) con muchos hijos (pues no se puede usar preservativos), y en fin, un estado similar al de Franco en España o el de Pinochet en Chile. No. Creo que ese nombre hace referencia a un estado que vive “en comunidad fraternal”. Después de todo “comunitarismo” y “comunitario” son diferentes. ¿O no?
Pero este comentario iba hacia lo que sucede con las palabras que significan algo cuando en realidad parecen significar otra cosa. Y decidí escribirlo porque Vemod, lector de uno de mis últimos escritos, dijo que Jorge, otro comentarista de mi anterior post, era “mamerto”. Y claro, es una “mamera” con su tono de “oye, ¿aun eres un eurocentrista?", y “homínidos son una subclase de los...”. Bueno, y es que cuando alguien nos recuerda que cometemos un error puede tornarse “mamón” (recuerden el significado de “guevón”). Pero el punto es que «mamerto» tiene un significado bien preciso: dícese, según el DRAUP (Diccionario De La Real Academia De La Universidad Pública) de esa persona que se dice de Izquierda, pero que a pesar de saberse de memoria párrafos enteros de “El Capital” y de “El manifiesto comunista” no ha entendido un ápice de la teoría y se dedica a predicar marxismo como José Galat (el rector universitario que afirma que los homosexuales no deberían tener derecho a la educación) predica catolicismo.
Por ello, aunque Jorge sea una mamera, es posible que no sea mamerto. Prefiero dejar este término para personas que cumplan el requisito. Lo mismo sucede con los impuestos “progresivos” y los “regresivos”. Cuando el ministro de Hacienda dice que va a poner impuestos “regresivos” no quiere decir que van a ir disminuyendo poco a poco, así como los “progresivos” no implican que, como el IVA, van a subir. Los primeros se aplican, según los marxistas, a la población más pobre (como los que se cobran a la papa, el pan, el tomate, etc.), mientras que los segundos se cobran a los que tienen más dinero, como el cuatro por mil para quienes tienen más de una cuenta bancaria, o los mil millones de dólares que pagó el Grupo Santo Domingo por vender su empresita Bavaria a la multinacional Sab Miller (¿o no los pagó porque disfrazó la venta como una “fusión”?). En fin, el punto es que hay que tener cuidado con las palabras que usemos, porque podemos usarlas queriendo decir y dar a entender una cosa, cuando realmente quieren decir otra muy distinta.
martes, junio 20, 2006
Un estudio muestra...que la estupidez humana no tiene límite (Segunda entrega)
Todo este rodeo por el método científico (ver post anterior) sirve para explicar por qué un sólo “estudio” como los mencionados no prueba ninguna relación causal. En primer lugar, hay que establecer claramente cuáles son los hechos que pretendemos explicar. Afirmar “el autoritarismo causa fracaso” nos pide, por tanto, definir cada uno de estos conceptos. Y ahí ya hay problemas. ¿qué es éxito? El caso paradigmático mostrado en el artículo es patético: «Saúl está arrepentido. Su hijo mayor, a pesar de tener más de 40 años, sigue siendo tímido, retraído y poco exitoso. Peor, se casó con una mujer dominante que le hace creer que es insignificante». El estudio parece relacionar éxito con buenas notas: éstas se presentan siempre que hay una “relación no-autoritaria” entre padres e hijos. ¿Qué significa esto? ¿dejar al niño hacer lo que quiere? ¿Dialogar sobre qué tipo de cosas? ¿Argumentar el por qué de los premios y castigos? Parece contradictorio, puesto que según recuerdo los niños con las mejores notas, los mejores estudiantes, eran retraídos y por andar estudiando no hacían muchos amigos, ni eran buenos para el deporte. Y por otro lado, esas notas buenas o malas, pueden estar relacionadas con otros hechos: padres adinerados (aunque el estudio, hecho en Suiza, descarta esa correlación), alcohólicos, separados, violadores, calvinistas o católicos. Debe descartarse cada una de las opciones presentadas, es decir, debe haber un estudio tras otro, y debe ser divulgado una vez todas las opciones hayan sido descartadas. Y debe divulgarse para que otros científicos repliquen las condiciones del estudio y verifiquen si se dan o no resultados similares. Luego de todo este proceso podría decirse que sí se ha demostrado algo. Hacerlo antes, es sólo amarillismo científico. Por ello, si no son los “estudios” los que están mal hechos, es la presentación que hacen los diarios. Como dice Lewontin en su libro “Crítica del racismo biológico”: que un ratón sea encerrado con otros diez y mate a cinco, y un segundo ratón encerrado mate a ocho, no prueba que el segundo sea un 30% más agresivo que el otro, porque, entre otras cosas no sabemos qué es la “agresividad”. Si un taxista insulta cinco de cada diez conductores que cierra, y otro insulta ocho, no decimos que es un 30% más “insultón”, ni que una chica que tenga unos implantes de silicona con el 50% más de masa que otra sea 50% más bonita. Estudios así, no obstante, se hacen, y así se divulgan, pero su metodología deja mucho que desear, y más aun la actitud del editor científico que deja pasar esos informes. Así pues, es necesario prender las alarmas ante tanto “estudio que demuestra...”. En el caso del estudio sobre la marihuana como causante de la esquizofrenia, no sabemos con exactitud qué es la esquizofrenia, ni mucho menos se dice en el artículo si son lo esquizofrénicos los que se ven atraídos por la droga o al revés, o siquiera si ambos hechos pueden ser causados por un tercero, como bien lo muestra el crítico de la periodista que presenta el informe. En síntesis, no porque haya un estudio significa que el estudio sea concluyente, así como el hecho de que Newton dijera que había unas “fuerzas” con las que se atraían los cuerpos unos a otros probó concluyentemente su existencia, y así mismo que la biblia diga que creó Dios los cielos y la tierra en siete días no prueba nada. Y que un “estudio” revele que es posible que el mar muerto se haya dividido en dos, o que es posible que alguien pueda caminar sobre el agua, o que las salas de cine presentan mensajes subliminales que hacen que los consumidores compren más Coca-cola con maíz pira por supuesto, tampoco prueba nada. Debemos revisar las condiciones bajo la cuales fue hecho el estudio, y ver cuántos equipos científicos diferentes han replicado las condiciones del mismo.
Un estudio muestra...que la estupidez humana no tiene límite (Primera entrega)
El problema es que la mayoría de los mortales ignoramos cómo funcionan estos estudios. La mayoría ignoramos cómo llegan los científicos a descubrir que algo es causa de otra cosa. Ni siquiera los médicos -me comentaba un bioquímico el otro día- saben de dónde salen las sustancias químicas con las que se hacen los remedios que recetan diario amparados por el Plan Obligatorio de Salud. Y la respuesta es obvia, aun para un ignorante como yo: ¡de las plantas!
¿Y cómo se ha llegado a descubrir que el ácido acetilsalicílico causa que desaparezca el dolor de cabeza, o que el Viagra aumenta la erección? En principio los métodos son los mismos que determinan que ver mucha televisión causa niños violentos. Los filósofos, como Hume y Mill gastaron mucha tinta al respecto. En primer lugar, hay que aclarar el concepto de “causa”. Una relación causal no es algún tipo de conexión misteriosa que viaja por el aire de un cuerpo a otro. Esa era la creencia antes de que Hume nos hiciera caer en la cuenta de que lo único que hay es una conexión entre dos hechos, y siempre que aparece uno el otro también se da. Es decir, yo infiero que causo el mal genio de mi novia porque siempre que llego a casa me echa una cantaleta de dos horas. O infiero que el pasto me produce alergia porque siempre que me acuesto en él aparezco brotado. Y así mismo, si mi lámpara no funciona, remplazo el bombillo y sigue sin funcionar, luego remplazo el cable de alimentación y de pronto funciona, he descubierto que el cable es la causa de que no funcione el aparato. Por supuesto, puedo ahondar más la investigación para determinar si es el alambre de cobre que está roto, o es el enchufe.
Me explico. Para establecer una relación causal entre A y B primero establecemos que hay una correlación entre ambos hechos: siempre que abro los ojos cantan los pajaritos en mi ventana. Pero esto no es suficiente para establecer una relación de causalidad entre ambos. Para ello, establezco si al suprimir uno de los hechos el otro también desaparece: Siempre que se da A, aparece B. No se da B y desaparece A; puedo inferir, por tanto, que B es la causa de A. Una causa necesaria. Así pues, si abro los ojos ( a las dos de la mañana, por ejemplo) y los pajaritos no cantan, puedo descartar que sea mi acto de abrir los ojos la causa de su canto. Así mismo podemos ver si las condiciones en que se da un hecho varían proporcionalmente a la condiciones en que se da otro: Si la cantidad de A aumenta en un 10% y la de B disminuye es un 10% las quince veces que observamos la correlación, inferimos que hay una relación causal entre ambos. Estos métodos no nos dan una evidencia del 100% en nuestras inferencias, pero el punto es que son quizás los únicos que hay para establecer estas relaciones.
Un ejemplo práctico y real de cómo se usan podría ser el de la malaria. Resulta que los chamanes del amazonas usan en sus ritos la planta “Plectranthus”. Siempre que la usan en sus ritos chamánicos “misteriosos y mágicos” el enfermo de malaria se cura (digamos, de cien veces que se usó, noventa veces hubo curación), así que inferimos que la planta causa la sanación del enfermo. Pero en un rito de estos hay muchos elementos además del Plectranthus: los cantos del sacerdote, el humo del tabaco, las maracas, etc. Lo que hacemos es determinar si la ausencia de alguno de estos evita la curación, o su presencia la produce. Metemos en un cuarto a diez personas enfermas de malaria a escuchar maracas todo el día, mejora su estado de ánimo pero no su enfermedad, así que descartamos las maracas. Lo mismo hacemos con el humo y los cantos. Al final lo único que nos queda es la planta. Pero, aun hay más: ¿cuál de todos los elementos que componen el Plectranthus causa la curación? Repetimos el experimento en un complicado proceso de “ensayo y error” [erronéo, lo llamó mi amiga Fergie] hasta dar con el componente último. Por ejemplo, el tetrahidroplectranthustubinol (estoy, por supuesto, inventando) que no es otra cosa que el nombre que la científica le puso a esa molécula correlacionada con la cura de la malaria, producto de una super destilación y de dar cada nuevo componente extaído a un grupo de prueba, o “conejillos de indias”: micos o cerdos (o inmigrantes latinos que ofrecen su cuerpo a cambio de unos dólares). El método parece rústico, pero no hay otro. La blancura de los uniformes y los tubos de ensayo que se muestran en las películas sólo disfrazan el hecho de que se usan casi las mismas técnicas que llevaron a Marie Curie a revolcar toneladas de piedra para encontrar un nuevo Elemento químico, y que la llevaron también, dada su exposición, a morir de contaminación radioactiva.
Lo curioso es que casi todos sabemos que este es el método usado para fabricar las drogas que se consumen en todo el mundo, pero no lo asociamos casi nunca con la fabricación de remedios: la cocaína es un extracto de la hoja de coca. El tetrahidrocanabinol es el agente psicoactivo del cáñamo (marigüana, decimos aquí en Colombia). El mismo agente psicoactivo del LSD es extraído, según lo cuenta el mismo Hofmann en su libro “El camino a Eleusis”, del Cornezuelo, un hongo que crece en el Centeno. Una vez se extraen estas moléculas se puede tratar de imitarlas por medios puramente químicos, lo que se llama “síntesis”; de ahí las drogas “sintéticas”. [Y por eso dejar que los científicos extranjeros vengan a investigar en nuestras selvas no es otra cosa que “venderla”, puesto que las drogas que deriven de esas plantas, posteriormente nos las venderán por cuatro millones de veces lo que les costó fabricarlas.]
jueves, junio 15, 2006
Sobre las ármas biológicas
El sida nace en África, cuando unos nativos se cazan a unos primates portadores. Perfecto. ¿Alguien puede explicarme entonces por qué se tiene noticia del primer caso clínico en Estados Unidos, entre la comunidad homosexual de California, y no entre la población africana? La enfermedad comienza a propagarse en aquél país y no en otro, y de allí parte hacia el resto del mundo. Por supuesto, había casos reportados en el continente negro, pero el punto es que la epidemia no tiene allí su epicentro:
1982 El CDC (Centro de Control de Enfermedades Infecciosas en Atlanta, Estados Unidos) relacionó el contagio de la enfermedad con las transfusiones de sangre. Luego de varios casos de contagio de pacientes hemofílicos reportados durante un encuentro de la FDA (Food and Drug Administration) sobre productos de la sangre, Bruce Voeller, ex director de la National Gay Task Force propuso llamar a la nueva enfermedad Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida (SIDA). el número de casos de SIDA en EE.UU era ya para ese entonces de 1614, con 619 muertes. [COGUSIDA]
Podría pensarse que este hecho (su origen subsahariano) explicaría el por qué la propagación de la epidemia es tan grande allí, si no es porque aparentemente la cosa no está tan grave como se afirma:
Según la definición de África de la OMS, "el Sida es diagnosticado basándose en síntomas clínicos no específicos y sin una prueba de VIH", explica Fiala. Incluso hoy, "se considera que las personas con, por ejemplo, diarrea prolongada, pérdida de peso y picazón son víctimas de Sida. Pero también los síntomas típicos de la tuberculosis -fiebre, pérdida de peso y tos-, se consideran oficialmente síntomas de SIDA, incluso sin que se realice una prueba de VIH", denuncia el especialista austriaco.
- Para conseguir una estimación total de los casos de Sida, la OMS en su sede en Ginebra añade a estas víctimas registradas como enfermos de Sida a un alto número de casos no denunciados, pero que la OMS presume que se han dado, explica Fiala. "Así, en noviembre de 1997, la OMS anunció que desde su anterior informe en julio de 1996, se habían registrado 4,5 millones de casos más de Sida en África. En este período, sin embargo, se produjeron realmente 120.000 víctimas más registradas de Sida" [afrol News].
Una cosa diferente ha sucedido con otras enfermedades descubiertas en el siglo XX, que han sido descubiertas en un punto geográfico y puede hacerse un rastreo epidemiológico sobre cómo se extendió a otras regiones. Sucedió con el Ébola y con la Gripe aviar. ¿Por qué ha sido tan diferente con el SIDA?
En general, debo confesar que soy un paranoico social, creo en la teoría de la conspiración, aunque también considero que peores son las conspiraciones que se hacen de frente, sin ocultarse, o simplemente en lo que se hace “porque así son las cosas por aquí”. Por ejemplo, como África es muy pobre y no hay plata para hacerle exámenes a todos, pues nos inventamos las cifras sobre el número de enfermos de SIDA...
Aun no me ha llegado un correo afirmando que el VIH se lo inventaron en un laboratorio en alguna base militar de USA, y que fue inoculado en una población disoluta o “liberal” como castigo republicano contra los degenerados que socavan los valores cristianos, pero dado lo anterior estoy empezando a sospechar ya de la historia oficial. Ojalá esté equivocado.
lunes, junio 05, 2006
La caverna 3 (post-apocalíptico)
La caverna (continuación)
«...a los demás hombres les pasan inadvertidas cuantas cosas hacen despiertos, del mismo modo que les pasan inadvertidas cuantas hacen mientras duermen»
Heráclito
¿Qué sucede, no obstante, cuando alguien se niega a despertar? Bueno, y cómo sabemos nosotros que somos quienes estamos despiertos? Supongan sólo por un momento que Neo, sí, el de la película, despierta una mañana y se da cuenta de que ese, su futuro apocalíptico, no es más que el resultado de una traba con esa extraña pepa que le dio su “maestro”. ¿Acaso Agustín, Tomás de Aquino, Torquemada, Bin Laden y demás no consideraban que aquellos que no compartían su religión estaban dormidos, y merecían despertar bajo en hierro ardiente de la verdad revelada? ¿Qué hacer ante la persona que no acepta nuestros argumentos porque es él quien tiene La Verdad?, ¿torturarlo?
jueves, junio 01, 2006
La caverna
y destruiréis al topo Crimen.
Victor Hugo

