Cuentan que cuando a Kant empezaron a azuzarlo para que ofreciera una respuesta al escepticismo sobre el mundo externo escribía en sus notas personales que estaba muy ocupado y muy cansado, de manera que le fastidiaba absolutamente tener que dedicar segundos de su tiempo a demostrar lo que todo el mundo sabe: que el mundo externo existe. Ante la pregunta formulada en la revista Arcadia ¿Dónde están los filósofos?, las respuestas no se han hecho esperar. La revista Semana, más seria que Arcadia, ya dedicó unas páginas al debate. Confieso que me da un poco de pereza. Tengo mucho que hacer, pero como en la sociedad de hoy el que no trata de hacer escándalo en los medios –sus 15 minutos de popularidad– no existe, daré mi respuesta al debate. Ya hace mucho respondí a un interrogante similar a partir de una frase adjudicada a Nietzsche: por donde pasan las ideas, cincuenta años después pasan los cañones defendiéndolas. La labor del filósofo, del verdadero filósofo, es evitar que esto suceda. Sentado en su escritorio, o caminando por la pradera rodeado de sus alumnos, el pensador suele ante todo tener una actitud crítica, a veces crítica en extremo, y para algunos crítica hasta la nausea. Ello no quita que algunos se hayan vendido “al sistema”: el mismísimo Hobbes trató de congraciarse con el rey mediante sus escritos, aunque finalmente también fue perseguido, pues sus escritos de todas formas incomodaban a la nobleza. Ahora bien, ¿qué tiene qué decir el filósofo ante los problemas actuales del país? No recuerdo haber leído una alusión directa de Sócrates a la Guerra del Peloponeso, aquel conflicto entre Atenas, el hogar de los filósofos, y Esparta, la cuna de los guerreros. No obstante, Sócrates fue juzgado y condenado a morir, pues se convirtió en una piedra en el zapato de los dirigentes de una democracia corrupta. Platón escribió entonces una diatriba contra esa Democracia, abogando por una dictadura del filósofo, aquel capaz de ver más allá de las narices de ciudadanos estupidizados por la comedia y la poesía, artes que él expatrió de su República. El pensador se convierte así en alguien impotable, que difiere de las opiniones del gobierno de turno y es pocas veces querido. Excepto, por supuesto, cuando se alía con estos e invita, como Aristóteles, a legitimar la esclavitud, o como Tomás de Aquino, a la guerra justa contra los musulmanes. Y la situación hoy en día no cambia: Bernard-Henri Lévy, influyó en la decisión de la ONU de atacar Libia. Actualmente Habermas, por ejemplo, es invitado constantemente a reuniones con el gobierno alemán, y su opinión es consultada y solicitada en los medios europeos de todo el mundo. Derridá fue entrevistado muchas veces para preguntársele sobre su posición sobre el terrorismo, y Paul Virilio aparece constantemente en los medios para criticar su posición sobre el desarrollo de los medios virtuales. Si buscamos, por ejemplo, en El Tiempo o en El Espectador no hay más que un artículo de Singer, ninguno de Habermas, Derridá o Virilio, sólo menciones escuetas en artículos culturales, donde poco o nada se difunde su pensamiento. Así pues, la pregunta adecuada más bien parece ser: ¿dónde están los periodistas? ¿Por qué ellos no indagan sobre los trabajos que los filósofos llevan a cabo en nuestro país? Los filósofos consultados por el periodista en Arcadia aceptaron tácitamente, con sus respuestas, que los filósofos no hacen nada. Pero ello es falso. Más bien su trabajo es invisibilizado por los medios. Por ejemplo, las investigaciones sobre ética y conflicto de Guillermo Hoyos, a quien jamás invitan a opinar en El Tiempo. Hay libros y estudios serios sobre la ideología conservadora, radical e irracional de Miguel Antonio Caro, compilados por Rubén Sierra Mejía, pero nadie a divulgado las conclusiones que de allí se desprenden: el país fracasó durante la primera mitad del siglo XX en parte gracias a ese proyecto de la Regeneración Conservadora, que echó para atrás las reformas liberales de mediados del siglo XIX. Para la celebración de los 100 años de su muerte, no hubo un debate serio sobre estas conclusiones, y los mismos medios de siempre siguen exaltando la figura de este anti–pensador, de la misma manera en que Londoño o José Obdulio son presentados como “filósofos”, se les dan espacios en radio, prensa y televisión, mientras se ignora a pensadores serios y rigurosos. Para la muestra, un botón: el artículo de El Tiempo donde se reseña la conmemoración afirma que el movimiento de la Regeneración “es considerado como el movimiento que implementó la modernización en esferas como la economía y en los aparatos institucionales del país”. Salomón Kalmanovitz, economista, filósofo, y ex gerente del Banco de la República, desmiente esta afirmación en la publicación de Sierra, y afirma que esas reformas económicas quebraron al país. Pero nada, los medios no hacen eco de las críticas al panteón de la estupidez nacional. Así mismo, ni El Tiempo, ni Semana, se le ha preguntado a algún filósofo –el educador por antonomasia, desde Sócrates– su posición sobre la reforma la educación superior. Más bien el filósofo debe salir a buscar esos espacios, y de hecho, lo hace. Ahora bien, los filósofos entonces están usando, he dado unas pequeñas muestras, medios alternativos de difusión de su pensamiento, ya sea desde la universidad, o desde el Blog. Que los medios tradicionales –con sus artículos amañados, superficiales y sesgados– no lo quieran ver, es otro asunto, como no han querido ver otras muchas cosas en el país.
sábado, abril 16, 2011
¿Dónde están los periodistas?
Horóscopo para el día de hoy...
domingo, abril 03, 2011
La falacia de la educación
jueves, diciembre 30, 2010
Parce, traduzca bien su nombre...
Cuando era joven, en el colegio me dijeron que los nombres no se traducían. Fue otra de las grandes mentiras escolares, junto con aquella del acta de independencia, que realmente jura lealtad a Fernando VII, la de Mosquera en átomos volando por el fuego español, cuando en realidad entró fumando al cuarto lleno de pólvora, y la del Chocorramo; sí, llevamos más cinco décadas engañados, pues Ramo en “chocoramo” se pronuncia con “ere” y no con “erre”, puesto que “choco” no es un prefijo. Y bueno, el caso es que los nombres sí se traducen. Los gringos no dicen Platón, sino Plato, no dicen Aristóteles, sino Aristotle, que en griego es Ἀριστοτέλης, y Tchaikovsky (o como se escriba) es Чайковский, en Ruso. Así pues, William es Guillermo, Daisy es Margarita y Alexander (Αλέξανδρος) es Alejandro. Jesús es la traducción del latino Iesu, que a su vez viene del griego Iesous (Ιησούς), que viene del hebreo Yeshua (ישׁוע). Por supuesto, muchos de estos nombres, que tienen supuesto origen griego, o latino, pueden seren verdad germanos, polacos, franceses o, por supuesto, españoles. Lo mismo sucede con los apellidos.
Mientras el latín fue la lengua franca, los nacidos bárbaros, es decir, polacos, germanos, galos, hispanos, etc., tuvieron la costumbre de esconder sus orígenes latinizando su nombre y apellido para entrar de lleno en el mundo académico europeo. Célebre es el cambiazo del polaco Mikołaj Kopernik. Su apellido lo tradujo él mismo al latín como Copernicus cuando entró en la universidad italiana de Bolonia. Por eso nosotros lo llamamos Copérnico. Así mismo, un salvaje estudiante teutón de esa época, Johan Müller de Königsberg, tradujo su apellido como “Regiomantanus”, pues “Königsberg” significa “montaña del rey”, que es justo lo que quiere decir en latín “regiomontanus”. En español habría que decir algo como “Montaña pupi” o “Montaña gomela”, que suena algo ñero porque la gente decente dejó de decirle gomelo al pupi y cicla a la bici. Así pues, la costumbre de poner nombres extranjeros para subir el estrato viene de tiempos inmemoriales (estos ejemplos son del renacimiento) aunque aquí adoptamos la tendencia cambiar o poner sólo el nombre anglosajón, no el apellido.
Los nombres tienen un origen y significado que muchas veces ignoramos. “Alfonso” significa “luchador”, “César” significa “nacido por cesárea” y “Lina” significa –eso dicen- lo mismo que “Rocío”, con lo cual “Lina Rocío” viene siendo una redundancia como la de “William Guillermo”. Muchos nombres indígenas se perdieron precisamente como parte de la campaña de conquista española: a un nativo de nombre Tisquesusa, con un significado preciso, por ejemplo en honor al Zipa, lo bautizaban a la fuerza y lo llamaban “Juan Pérez”, quitándole parte de su identidad. Hoy en día somos una sociedad mestiza, con una gran carga española que ya no podemos abandonar. Pero sí podemos evitar un nuevo caso de conquista idiomática, bautizando a nuestros hijos con nombres que no los dejen olvidarse de sus raíces, de su historia. Cuando estén grandecitos, podrán irse del país, cambiarse el "Juan" por "John" o "John" si no les gusta, teñirse el pelo de rubio y usar lentes de contacto azules, pero cuando son pequeños e indefensos, al menos debe dárseles la oportunidad de llamarse de acuerdo con la cultura en la que viven. Los nombres indígenas como Chía, Fagüa o Inti son más significativos, hermosos y elegantes que Sneider o Wiliamson. Así pues, el tener un nombre decente debería ser declarado uno de los derechos universales de los niños. He dicho…
Att:
Alphonse Cabbanss
No sea ñero: cámbiese el nombre!
jueves, julio 08, 2010
Defensa de la brutalidad de las reinas
miércoles, mayo 05, 2010
La secta mockusiana

Alejandro Reyes Posada escribe un artículo de opinión en El Tiempo sobre los riesgos de elegir a Mockus. De acuerdo con él, el partido verde se está convirtiendo en una secta: En las sectas hay un líder, un “santón carismático”; un estrecho círculo de adoradores, una doctrina con valores admirables, una exigencia de comportamientos altruistas para sus miembros y el desprecio moral de quienes queden por fuera de ella. Lo mismo habría en el partido de Mockus: su candidato es carismático y “santón”, hay seguidores, se predican valores admirables, y supuestamente se “desprecia” a quien no esté en la secta. Afirma que los verdes se comportan igual que los uribistas: quién no está con Mockus está contra él, así como quien no está con Uribe está contra él. Dado que la tesis verde es el respeto por la vida y por los recursos públicos, Reyes asume que los mockusianos tachan de criminales y corruptos a quienes no están con ellos. Finalmente la propuesta verde olvida según él los logros de Uribe en cuanto a seguridad. Cada una de estas posturas está errada, cuando no es totalmente falsa y maledicente. Veamos uno de los argumentos, revisemos sus premisas y luego revisemos si éstas apoyan su conclusión.
Tachar al partido verde de secta es injurioso y falso. En primer lugar, porque si bien Mockus es carismático, está lejos de ser un “santón” (palabra definida como santurrón, beato e hipócrita). No predica, sino que más bien propone. Tampoco tiene “seguidores incondicionales”, puesto que el público de Mockus se caracteriza en su mayoría por individuos que cuestionan, que escuchan sus argumentos, y que, como en mi caso, lo consideramos la mejor opción posible en esta coyuntura. No el mejor, ni el mesías que salvará a Colombia. Es a lo sumo un símbolo de lo que nos gustaría llegar a ser, aun si ni él ni nadie raya en la perfección que le endilgan (y que nunca he oído a él afirmar de sí mismo). La predicación de valores admirables quizás sea cierta: la legalidad, el respeto por la vida, por la máxima “el fin no justifica los medios”, que son a todas luces principios loables, no es propia sólo de las sectas. Pero más que eso, son principios cuya violación, entre otras cosas, son los causantes de la mayoría de los problemas del país: el robo de recursos públicos, y el irrespeto por la vida. El saqueo del presupuesto en la construcción de una carretera, en los hospitales, la evasión de impuestos por parte de grupos como el Santo Domingo, etc., tiene repercusiones en la vida de las personas comunes. La muerte, que es causada no sólo por guerrilleros y paramilitares, sino por taxistas que atacan con cruceta a quien le reclama por el alto cobro de una carrera, o por un niño que hace conejo por no tener subsidio de transporte, es un lamentable recuerdo de nuestra condición de poscolonia. Por otro lado “el fin justifica los medios” es una máxima anti ética que permite a cada colombiano hacer lo que le venga en gana siempre que considere que su fin egoísta es loable. Así que en modo alguno el Partido Verde se comporta como una secta. Pero aun suponiendo que este movimiento tenga las mismas características que una secta, no se sigue de ahí que de hecho lo sea. En efecto, es cierto que toda secta tiene un líder y el Partido Verde también tiene un líder. No es lógico pensar que éste es una secta, como no es lógico decir que el Banco de la República es una secta porque tiene un líder. Es igual de absurdo que decir que los hombres son humanos, las mujeres son humanos, y que por compartir estas características las mujeres son hombres. Lo importante aquí no es qué tienen de similar el movimiento de Mockus, los evangélicos y los seguidores de Charles Manson, sino más bien qué es lo que hace diferente a aquél movimiento de estas sectas. Y una diferencia fundamental es la apelación a la razón para sopesar sus propuestas políticas. La misma razón que me permite descubrir la falacia tras el razonamiento del señor Reyes. Pero este “periodista” va un poco más allá. Afirma, en la página editorial del diario más leído en Colombia, que la vocación de las sectas es crecer hasta abarcar la sociedad y transformarla, y que el conflicto final se resuelve con la disolución de la secta por la sociedad o la absorción de ésta por la secta. Dado que no queremos que la sociedad se disuelva por una secta, y dado que el Partido Verde es, según su estúpido razonamiento, una secta, se puede inferir de su texto que tendremos que “disolverlo”. Sería interesante ver cómo pretende Reyes disolver el partido: ¿inventando vínculos entre éste y las FARC? ¿Inventando infidelidades sentimentales de Mockus? ¿Creando falsas ONG donde se le vincule con los paras, los narcos, con Regina 11 y con Voldemort? Sólo espero que los mismos lectores que cayeron ante los engaños del DAS no crean en la campaña de desprestigio que, ya se ve, iniciaron contra el Partido Verde, y espero que nuestra trágica hisotria, nuestro trágico presente, no se repita en Mockus por cuenta de estos comentarios malintencionados de los columnistas de El Tiempo.
domingo, abril 04, 2010
Crónica de unas lecturas trágicas
Mis libros trágicos son aquellos que inicio, y por azares del destino nunca termino. O que estoy releyendo y terminan siempre en las manos equivocadas, pues de ser las correctas estarían ahora en las mías. La insoportable levedad del ser es uno de ellos. Siempre termino regalándolo a alguien que parece especial, con quien supongo tendré una larga relación de esas que terminan con una visita en la sala y un vaso de vino antes de morir. Y jamás las vuelvo a ver. Con Héctor Abad Faciolince me sucede algo similar: sus libros se me desaparecen. Los inicio, y en un instante han desaparecido. Robados, olvidados en la casa de alguien semejante al triángulo de las Bermudas… Así que sólo conozco dos de sus obras: El olvido que seremos y ahora, Traiciones de la memoria. El primero es la novedosa narración de la novela a través de los ojos de la víctima. Un giro paradigmático ante la avalancha de historias donde los malos -los paras, los guerrillos, los políticos, los narcos, los sicarios- son presentados como los buenos, como los héroes por quienes el público hace fuerza para que coronen sus fechorías. Acaso porque ese público hace parte también de la recua de delincuentes que pustula este país. El segundo reconstruye la investigación que revela la autoría Borgiana del poema El olvido que seremos de Jorge Luis Borges. No se llama así, se llama Aquí. Hoy, pero semejante esperpento de nombre sólo es digno de muchos de los insufribles poemas del argentino, no de este en particular. Y cómo no, el libro es una reconstrucción de los recuerdos, semejante, pero menos enciclopédico, al La misteriosa llama de la reina Loana, de Eco. Tan esencialmente idénticos que hasta ilustraciones tienen de los documentos a partir de los cuales se hace la reconstrucción de la historia de un país leproso de violencia. Pero de una diferencia abismal, acaso porque el uno es el mío y lo siento, y el otro es uno ajeno. El libro de Abad no es una gran obra maestra; yo habría esperado más, lo habría dejado madurar, llenaría los huecos, ahondaría los detalles, ficcionaría las casualidades e inundaría con más prosa los recovecos que hurgó Abad para probar sin duda, la autoría borgiana de los versos. Habría pintado a María Kodama como la Yoko de Lennon, perversa, obstaculizando la verdad para no revelar la torpeza académica que le impidió ver lo evidente. A Tenorio lo habría retratado, à lo Dickens, como un poeta grotesco… en fin, las críticas generalmente se reducen a “yo, que no fui capaz de escribirlo, habría escrito tu libro así y asá”. Todo para decir que el último texto de Abad es, si no una grande, sí una pequeña obra maestra, una joya.
sábado, marzo 13, 2010
¿Por qué y cómo universalizar la salud en Colombia?
La universalización es un concepto muy sencillo: si hay plata para matar guerrilleros, hay plata para sanar colombianos. ¿Dónde está ese dinero? Los eventos de los últimos días han mostrado que gran parte del presupuesto se queda pagando la burocracia de las EPS, o en los bolsillos de las empresas. La multa de Súper salud a Saludcoop: $627.000 millones por concepto de cuotas moderadoras, aportes parafiscales, descuentos de nuestros sueldos, etc., fueron a parar en otros negocios diferentes a la atención en salud. Si tenemos en cuenta que la deuda de Bogotá para con las EPS es de $350.000 millones, tenemos aquí un importante ingreso para subsanar tal déficit. Así pues, lo que pagamos sí genera suficiente ganancia para estos empresarios de la salud. Es de suponer que otras entidades habrán hecho lo mismo o fraudes similares, y que por tanto tendrán que devolver todo ese dinero mal usado. En resumen, plata hay. Pero quizás no alcance, ¿de dónde más la sacaremos? Es hora de que Colombia, representada por su Congreso, elegido mañana, penalize la evasión de impuestos. Las gabelas tributarias con las que Uribe ayuda a los grandes empresarios mientras los pequeños sufren para pagar aportes en salud y pensión. Para nadie es un secreto que la tan mentada “inversión extranjera” no genera más empleo, y sí condiciones laborales paupérrimas y persecución para los colombianos que exigen un cambio en dicha situación. Así mismo la reforma laboral de Uribe no produjo un solo puesto estable de trabajo. De manera que los “beneficios” tributarios no se están traduciendo en más y mejor empleo, ni en mejor calidad de vida para los colombianos. Hay pues, que acabarlas. También sabemos de las grandes empresas evaden: Bavaria evadió us$1000 millones disfrazando su venta como una fusión; Alpina está constituida como empresa en Panamá, un paraíso fiscal que le evita pagar al país millones de dólares en impuestos; sabemos que se usan testaferros para poner grandes propiedades a nombre de otros y reducir así el impuesto de renta. Este delito produce una muerte más grande que la de la guerrilla y los paras: la muerte lenta por hambre, desnutrición, mala salud, falta de educación y por tanto de oportunidades. La evasión de impuestos, por tanto, debe considerarse uno de los peores crímenes, y debe pagarse con la cárcel, como el secuestro, la rebelión armada y el paramilitarismo. pagar el 95% de impuestos es ilegal, aunque sería medianamente aceptable; pagar sólo el 20%, es un crimen gravísimo. Y es un crimen, además, porque de ese 20% pagado, los políticos se roban una cantidad para financiar sus corruptas campañas, convirtiendo esto en un círculo vicioso del cual no podremos escapar a menos que estemos todos los ciudadanos encima de ellos realizando una labor fiscalizadora, exigiendo lo que por derecho nos corresponde, y cumpliendo nuestros deberes constitucionales de participación democrática. Así pues, no es cierto que no haya para pagar la salud de todos los colombianos. Sí la hay, pero termina donde no debe. La reestructuración de hospitales, que aunque no “se cerraron”, según Uribe, si despidió a 250.000 médicos debe echarse para atrás. Hay que reabrir, y dotar a los hospitales públicos de los medios necesarios para tratar las enfermedades que nos aquejan, pero también para prevenirlas. Una población sana es una población apta para trabajar, para producir, para engrandecer el país. Una población enferma es la ruina.
Mañana sabremos qué medidas tomar con respecto a los decretos. Primero, seguramente quedarán muchos criminales (literalmente) del PIN, del ADN, de la U, de Alas y demás. Hay que tomar acciones concretas: exigir investigaciones, demandar. Con eso se pierde parte de la Coalición que apoya a los uribistas, defensores de los decretos de emergencia social. Sabiendo quiénes quedan en contra de estos decretos, podemos exigir la reforma al sistema de Salud: Universalización, como antes de la ley 100.
domingo, febrero 07, 2010
De políticos y Politiqueros
Dice la Wikipedia que la política, del griego πολιτικος (pronunciación figurada: politikós, «ciudadano», «civil», «relativo al ordenamiento de la ciudad»), es la actividad humana que tiende a gobernar o dirigir la acción del estado en beneficio de la sociedad. Es decir, cuando la comunidad busca el beneficio de la sociedad entera, está haciendo política. Lo demás es demagogia, cuando se busca beneficiar sólo a los pobres. O bien es oligarquía, cuando se busca beneficiar a un grupo de privilegiados. También puede ser tiranía, cuando se busca beneficiar a un solo miembro de la sociedad. Política y democracia, para los griegos, iban de la mano. En la actualidad en concepto se ha desvirtuado: por “políticos” se entiende un grupo de individuos que buscan su propio bienestar, a costa de los ciudadanos. Pero ateniéndonos a la definición clásica, dado que, por ejemplo, nosotros luchamos por el derecho a la salud y la salud nos beneficia a todos, estamos haciendo política, no politiquería. Salimos a marchar, dejamos de lado muchas actividades que nos benefician como individuos, para luchar por un ideal común: la salud. De esta forma debemos comprometernos más políticamente: no debemos elegir a aquellos representantes que sabemos que traicionarán esta petición, por lo demás justa y constitucional. No podemos ser más un tumulto de gente que elije despreocupadamente a los senadores, representantes, alcaldes, presidentes, sin saber si realmente están comprometidos con la defensa de los intereses de todos. Y hablo de todos: ricos, pobres, clase media, enfermos, sanos, blancos, negros, etc. Si, por ejemplo, un candidato afirma: “sólo los ricos pagarán salud” está siendo demagógico. Aun en países donde la salud es gratis, todos pagan los impuestos que la financian. De acuerdo a sus posibilidades, el Estado mismo devuelve después el dinero pagado por impuestos. Si alguien pone impuestos sólo a los pobres, está siendo “reaccionario”, pues se comporta como la clase aristocrática medieval, que obligaba a los campesinos a pagar con impuestos los lujos de la nobleza, mientras que estos y la Iglesia no pagaban un peso y si derrochaban sin medirse. Este hecho, como “daqto curioso” desencadenó la Revolución Francesa en 1789. Los impuestos a la clase media también son de este tipo: busca acabarla, y llevarnos a todos a la pobreza; en lugar de luchar para que más pobres mejoren su calidad de vida, desmejoran la calidad de vida de los que han logrado ascender en la escala social. Así pues, debemos ser conscientes de nuestra fuerza política, de que luchamos por el bienestar de todos, aun a pesar de que nos han enseñado que deberíamos estar rascándonos la barriga mientras vemos RCN. Hace unos minutos una candidata al congreso, Claudia Patricia Hurtado Lasso, dejó un mensaje en el grupo. Todos reaccionaron: que era del partido gobiernista “Alas, equipo Colombia”, que Araujo, su creador, estaba siendo investigado por paramilitarismo, que era oportunista… se asustó y borró su participación. Ese simple hecho, muestra cómo deben estar asustados lo politiqueros, pues los verdaderos políticos somos nosotros, cuando ven el crecimiento exponencial de este grupo faltando apenas un mes para las elecciones del congreso. Tenemos el poder de decidir quiénes van a estar sentados en el Senado y en la Cámara. No debemos dejar que suban aquellos que están en contra de nuestros intereses: salud, educación, vivienda y trabajo. No debemos elegir a aquellos patrocinados por grupos económicos que han demostrado una y otra vez estar en contra de nosotros, y a favor de sus intereses: los bancos, las EPS, los latifundistas y ganaderos, las multinacionales que han patrocinado la explotación de trabajadores colombianos y el desmejoramiento de nuestras condiciones laborales. De acuerdo con los último acontecimientos, los partidos gobiernistas llevan la peor parte: la U, Cambio Radical, Alas Equipo Colombia, Primero Colombia, tienen desde sus creadores y directivos investigados por paramilitarismo, y por cohecho para aprobar la primera reelección. pero no basta sabes estos nombres. Debemos saber qué han hecho ellos, qué proyectos contra nosotros apoyaron, no lo que prometen. Mi propuesta es simple: cada uno de nosotros puede buscar el pasado de uno sólo candidato en la página http://www.elecciones.com.co/, y ver si es investigado por algo, que proyectos aprobó, etc. Si somos 200.000 miembros de este grupo, y cada uno busca uno sólo, tendremos 200.000 datos para saber a qué atenernos. Esto es política, no simplemente insultar o decir “no voten por este o por aquel”.
